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10/21/2005
Presentación.
En el marco de los actos conmemorativos del XXV Aniversario de la constitución del Tribunal Constitucional se ha celebrado en Sevilla durante los días 19, 20 y 21 de octubre la Conferencia Iberoamericana de Justicia Constitucional, continuación de las Conferencias de Lisboa (1995), Madrid (1998) y Guatemala (1999).
Con la participación de representantes de Tribunales, Cortes o Salas Constitucionales de veinte países iberoamericanos, el programa se dividió en cuatro sesiones destinadas a analizar las siguientes cuestiones:
- Jurisdicción Constitucional y Control de la Ley.
- Jurisdicción Constitucional y Jurisdicción Ordinaria.
- Jurisdicción Constitucional y Jurisdicciones Internacionales.
- Jurisdicción Constitucional y defensa de los Derechos Fundamentales.
Entre las conclusiones aprobadas merecen destacarse la aceptación de la propuesta del Tribunal Constitucional de Chile de celebrar la próxima Conferencia en Santiago de Chile en octubre de 2006, y la creación de una Secretaría Permanente de la Conferencia Iberoamericana de Justicia Constitucional cuyos cometidos serán asumidos provisionalmente por el Magistrado del Tribunal Constitucional de España, D. Pablo Pérez Tremps.
Delegaciones que asisten.
ANDORRA
TRIBUNAL CONSTITUCIONAL
- D. Miguel Angel Aparicio, Vicepresidente.
ARGENTINA
CORTE SUPREMA DE JUSTICIA DE LA NACIÓN
- D. Enrique Petracchi, Presidente.
BOLIVIA
TRIBUNAL CONSTITUCIONAL
- D. Willman Ruperto Durán Ribera, Presidente.
BRASIL
SUPREMO TRIBUNAL FEDERAL
- D. Antonio Cezar Peluso, Magistrado.
COSTA RICA
CORTE SUPREMA DE JUSTICIA
- D. Ernesto Jinesta L., Magistrado.
CHILE
TRIBUNAL CONSTITUCIONAL
- D. José Luis Cea Egaña, Presidente.
EL SALVADOR
CORTE SUPREMA DE JUSTICIA
- D. Julio Enrique Acosta Baires, Magistrado.
- Dr. Manuel Montecino Giralt, Secretario de la Sala Constitucional.
- D. Rodolfo González Bonilla, Colaborador jurídico.
ESPAÑA
TRIBUNAL CONSTITUCIONAL
- Dª María Emilia Casas Baamonde, Presidenta.
- D. Guillermo Jiménez Sánchez, Vicepresidente.
- D. Vicente Conde Martín de Hijas, Magistrado.
- D. Javier Delgado Barrio, Magistrado.
- Dª Elisa Pérez Vera, Magistrada.
- D. Roberto García-Calvo y Montiel, Magistrado.
- D. Eugenio Gay Montalvo, Magistrado.
- D. Jorge Rodríguez-Zapata Pérez, Magistrado.
- D. Ramón Rodríguez Arribas, Magistrado.
- D. Pascual Sala Sánchez, Magistrado.
- D. Manuel Aragón Reyes, Magistrado.
- D. Pablo Pérez Tremps, Magistrado.
- D. Javier Jiménez Campo, Secretario General.
- D. Miguel Ángel Montañés Pardo, Vicesecretario General.
- D. Ignacio Borrajo Iniesta, Jefe del Servicio de Doctrina Constitucional.
- D. Juan Luis Requejo Pagés, Jefe del Servicio de Estudios, Biblioteca y Documentación.
- D. León de la Torre Krais, Vocal Asesor del Gabinete de la Presidencia.
- D. Iñigo Corral Lozano, Jefe de Prensa.
GUATEMALA
CORTE DE CONSTITUCIONALIDAD
-Rodolfo Rohrmoser, Magistrado
HONDURAS
CORTE SUPREMA DEJUSTICIA
- D. José Rolando Arriaga Mancía, Magistrado
- D. Carlos Alberto Gómez Moreno, Magistrado
- D. Carlos Armando Flores Carías, Magistrado
MÉXICO
SUPREMA CORTE DE JUSTICIA DE LA NACIÓN
- D. Juan Díaz Romero, Magistrado.
NICARAGUA
CORTE SUPREMA DE JUSTICIA
- D. Francisco Rosales Argüello, Presidente de la Sala Constitucional.
- D. Guillermo Selva Argüello, Magistrado.
PANAMÁ
CORTE SUPREMA DE JUSTICIA
- D. José A. Troyano, Presidente.
PARAGUAY
CORTE SUPREMA DE JUSTICIA
- D. Victor Manuel Núñez Rodríguez, Magistrado
PERÚ
TRIBUNAL CONSTITUCIONAL
- D. César Landa, Magistrado
PORTUGAL
TRIBUNAL CONSTITUCIONAL
- D. Artur Joaquín de Faria Mauricio, Presidente.
- Dª María dos Prazeres, Magistrada
- Dª. María Helena de Brito, Magistrada.
- D. Carlos Pamplona de Oliveira, Magistrado.
PUERTO RICO
TRIBUNAL SUPREMO
- D. Federico Hernández Denton, Presidente.
REP. DOMINICANA
SUPREMA CORTE DE JUSTICIA
- D. Jorge A. Subero Isa, Presidente.
- Dª. Dulce Mª Rodríguez, Magistrada.
URUGUAY
SUPREMA CORTE DEJUSTICIA
- D. Daniel I. Gutiérrez Proto, Presidente.
VENEZUELA
TRIBUNAL SUPREMO DE JUSTICIA
- Dª. Luisa Estela Morales, Vicepresidenta.
CORTE INTERAMERICANA DE DERECHOS HUMANOS.
- D. Alirio Abreu Burelli, Magistrado.
Programa
Día 19
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10’15 h.
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Encuentro de los Presidentes y Jefes de Delegación de los Tribunales y Salas Constitucionales Iberoamericanos con la Presidenta y el Vicepresidente del Tribunal Constitucional de España.
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11’00 h.
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Salida al Palacio de la Zarzuela.
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12’00 h.
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Audiencia en el Palacio de la Zarzuela por S.M. El Rey a los Presidentes y a los Jefes de Delegación de los Tribunales y Salas Constitucionales Iberoamericanos.
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20’30 h.
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Recepción en el Ayuntamiento de Sevilla ofrecida por el Sr. Alcalde, D. Alfredo Sánchez Monteseirín.
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Día 20
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8’45 h.
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Parlamento de Andalucía
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9’00 h.
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Acto de inauguración:
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Dª Mar Moreno Ruiz, Presidenta del Parlamento de Andalucía.
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D. Manuel Chaves González, Presidente de la Junta de Andalucía.
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Dª María Emilia Casas Baamonde, Presidenta del Tribunal Constitucional.
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9’30 h.
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Inicio de la Conferencia: Presentación de los cuestionarios.
D. Guillermo Jiménez Sánchez, Vicepresidente del Tribunal Constitucional de España.
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10’30 h.
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Pausa de café.
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11’00 h.
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Primera Mesa de trabajo: Jurisdicción Constitucional y Control de la Ley.
Modera: D. Javier Delgado Barrio, Magistrado del Tribunal Constitucional de España.
Ponencias:
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D. Cezar Peluso, Magistrado del Supremo Tribunal Federal de Brasil.
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D. Juan Díaz Romero, Magistrado de la Suprema Corte de Justicia de la Nación de México.
-
D. Víctor Manuel Núñez Rodríguez, Magistrado de la Corte Suprema de Justicia de Paraguay.
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D. César Landa Arroyo, Magistrado del Tribunal Constitucional de Perú.
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D. Federico Hernández Denton, Presidente del Tribunal Supremo de Puerto Rico.
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D. Daniel Gutiérrez Proto, Presidente de la Suprema Corte de Justicia de Uruguay.
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12’00 h.
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Debate
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17’30 h.
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Segunda Mesa de trabajo: “Jurisdicción Constitucional y Jurisdicción Ordinaria”.
Modera: D. Jorge Rodríguez-Zapata Pérez, Magistrado del Tribunal Constitucional de España.
Ponencias:
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D. Julio Enrique Acosta Baires, Magistrado de la Corte Suprema de Justicia de El Salvador.
-
D. José A. Troyano, Presidente de la Corte Suprema de Justicia de Panamá.
-
D. Artur Joaquín de Faria Mauricio, Presidente del Tribunal Constitucional de Portugal.
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Dª Luisa Estela Morales, Vicepresidenta del Tribunal Supremo de Justicia de Venezuela.
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18’30 h.
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Debate
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19’30 h.
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Reunión de Presidentes y Jefes de Delegación
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Día 21
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9’00 h.
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Tercera Mesa de trabajo: “Jurisdicción Constitucional y Jurisdicciones Internacionales”.
Modera: D. Ramón Rodríguez Arribas, Magistrado del Tribunal Constitucional de España.
Ponencias:
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D. Manuel Aragón Reyes, Magistrado del Tribunal Constitucional de España.
-
D. Francisco Rosales Argüello, Presidente de la Sala Constitucional de la Corte Suprema de Justicia de Nicaragua.
-
D. Jorge Subero Isa, Presidente de la Supremo Corte de Justicia de la República Dominicana.
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D. Alirio Abreu Burelli, Magistrado de la Corte Interamericana de Derechos Humanos.
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10’00 h.
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Debate
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10’45 h.
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Pausa de café.
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11’00 h.
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Cuarta Mesa de trabajo: Jurisdicción Constitucional y defensa de los Derechos Fundamentales.
Modera: D. Pascual Sala Sánchez, Magistrado del Tribunal Constitucional de España.
Ponencias:
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D. Enrique Petracchi, Presidente de la Corte Suprema de Justicia de la Nación de Argentina.
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D. William Ruperto Durán Ribera, Presidente del Tribunal Constitucional de Bolivia.
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D. José Luis Cea Egaña, Presidente del Tribunal Constitucional de Chile
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D. Ernesto Jinesta, Magistrado de la Corte Suprema de Costa Rica
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D. Rodolfo Rohrmoser, Magistrado de la Corte de Constitucionalidad de Guatemala.
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12’00 h.
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Debate
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17’00 h.
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Conclusiones:
D. Eugenio Gay Montalvo, Magistrado del Tribunal Constitucional de España.
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18’00 h.
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Clausura
Dª María Emilia Casas Baamonde, Presidenta del Tribunal Constitucional de España.
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Discurso de inauguración de la Presidenta del Tribunal
DISCURSO DE INAUGURACIÓN DE LA PRESIDENTA DEL TRIBUNAL CONSTITUCIONAL
Excmo. Sr. Presidente de la Junta de Andalucía, Excma. Sra. Presidenta del Parlamento de Andalucía, Presidentes y Magistrados de los Tribunales, Cortes y Salas Constitucionales de Iberoamérica, Parlamentarios de Andalucía: es para mi un motivo de enorme satisfacción inaugurar en Sevilla esta relevante Conferencia Iberoamericana de Justicia Constitucional.Y hacerlo en un espacio tan señalado como este, el Parlamento de Andalucía, la Casa de los andaluces y, como decía hace solo unos momentos su Presidenta, la Casa de todos. Muchas gracias por ello, Señora Presidenta.
Para el Tribunal Constitucional español este es un año de gran relevancia, cargado de una especial significación simbólica, pues, celebramos, como todos ustedes saben, nuestro vigésimo quinto aniversario. En la conmemoración solemne del pasado 12 de julio, en la sede del Tribunal, tuvimos ocasión de compartir esa celebración con representantes de casi cuarenta Tribunales Constitucionales y muchos de los que hoy están aquí nos honraron también con su presencia en aquel momento. Muchas gracias por ello.
Si en aquel Acto contamos con la presencia de las más Altas Autoridades del Estado, S.M. El Rey ha querido manifestar su apoyo a esta Conferencia con la recepción que ofreció en el día de ayer en el Palacio de la Zarzuela a las Delegaciones participantes en la misma. Hoy lo hacen la Junta de Andalucía, en la persona de su Presidente, también presente en la conmemoración solemne del pasado 12 de julio, y el Parlamento de Andalucía en la persona de su Presidenta, que ha tenido la generosidad de cedernos estas magníficas instalaciones para la celebración de nuestras sesiones de trabajo.
Este impulso proporcionado por nuestro aniversario nos ha permitido estudiar y analizar los contactos e intercambios que tenemos con otros Tribunales, Salas o Cortes. Hemos comprobado que, en la actualidad, las relaciones de cooperación que nos unen son esencialmente bilaterales en el área iberoamericana y multilaterales en el marco de la Conferencia Europea de Tribunales Constitucionales. No tiene sentido, desde nuestro punto de vista, que entre nosotros, los aquí reunidos, mantengamos tan solo relaciones bilaterales, por lo que espero que esta Conferencia sirva para consolidar una Red Iberoamericana de Justicia Constitucional. Había pasado ya demasiado tiempo desde nuestra última reunión tras las Conferencias de Lisboa en 1995, Madrid en 1998 y Guatemala en 1999. La presencia hoy aquí de veinte países iberoamericanos y de la Corte Interamericana de Derechos Humanos es una buena prueba, nos parece, de que debemos y queremos estrechar nuestros lazos de colaboración. Partimos de la existencia de lazos históricos y culturales de unión profunda que, por fortuna, son también muy actuales.
Cuentan hoy nuestros países con amplios espacios de colaboración en el ámbito general de la Justicia, que todavía no se han hecho realidad en el campo de la Justicia Constitucional. Juntos tenemos que saber enfrentar los retos que un mundo globalizado y una ciudadanía cada vez más exigente en la defensa de sus derechos y libertades espera de nuestra tarea común, de la tarea que Tribunales, Cortes y Salas Constitucionales compartimos, pues, como no podía ser de otra manera, esas exigencias alcanzan a la cúspide de nuestros ordenamientos jurídicos. Me gustaría hacer una breve, muy breve, reflexión sobre esos lazos que nos unen en una perspectiva histórica que, sin olvidarse del pasado, nos permita analizar el presente y abordar con garantías de éxito los retos futuros. Es en este marco en el que quiero analizar el papel que puede y debe desempeñar esta Conferencia, partiendo del hecho de la consolidación en las últimas décadas de la Justicia Constitucional también en el ámbito iberoamericano, en un proceso paralelo al de la consolidación de nuestros regímenes democráticos.
Hace tiempo que, por fortuna, la Comunidad Iberoamericana ha empezado a dejar de ser la ocasión para el tópico de una retórica tan vacía como injusta. Reducir su realidad a los lugares comunes que durante mucho tiempo, excesivo tiempo, la han deformado, en ocasiones hasta la caricatura, ha sido, en efecto, la peor injusticia que podía cometerse con nuestros pueblos y con la Historia. Una Historia que durante muchos siglos no fue sólo compartida, sino común a todos, cuando todos nos incluíamos en un Estado para el que coincidieron en el tiempo el tránsito a la edad de las Constituciones y la diversificación de sus partes en realidades nacionales separadas. En el origen de la mayoría de nosotros fue, en efecto, una Constitución: la de Cádiz.
La suerte de nuestras naciones ha seguido después vinculada al devenir atormentado de unas tradiciones constitucionales que demasiadas veces han sido un verdadero rigor de las desdichas. Hemos padecido más Historia constitucional de la que una sociedad civilizada puede razonablemente conllevar. Y así ha sido, por encima de toda otra causa, en razón de nuestro fracaso para hacer de alguna de tantas Constituciones como hemos tenido una simple norma de Derecho. Hemos tenido, en definitiva, muchos textos constitucionales y muy poca constitución normativa.
Y no cabe carencia mayor ni más grave, pues con ella falta también, sencillamente, la condición que hace de la multitud un pueblo y de los súbditos una Nación de ciudadanos. Falta, en suma, la sujeción del poder a normas y como fruto necesario de esa sujeción un espacio en el que el individuo puede encontrar la libertad.
Esta Conferencia es prueba notoria de que muchas cosas están cambiando. Las Constituciones que hoy son herederas de las que nos unió en un principio son ya Constituciones normativas, afortunadamente. Ha sido posible para ellas lo que no pudimos dar a la Constitución de Cádiz. Si ella nos unió por última vez como un mismo pueblo, el carácter normativo de sus sucesoras vuelve a unirnos, desde la diversidad de nuestros pueblos, en la dignidad de Naciones soberanas y sometidas al Derecho que, fruto de la voluntad general, somete también a quienes son titulares accidentales de su ejercicio.
Esa es la comunidad que merece la pena construir. La que, junto a la lengua y a la tradición de siglos, se una la comunión, el sentimiento, la convicción de todos en el sometimiento a una Ley primera, superior, incontestable, cuya garantía se nos confía como tarea absolutamente relevante en un sistema constitucional, tarea que para un jurista, me parece, no puede encontrar empeño comparable.
Al servicio de ese empeño, de la defensa de la supremacía normativa de nuestras Constituciones, se ha concebido esta Conferencia, como escenario propicio para la puesta en común de nuestras respectivas experiencias como guardianes de la Constitución. Deseo que el mejor provecho que esta cuarta edición de la Conferencia nos brinde a todos, sea hacernos más capaces de rendir honor a las Constituciones que regulan nuestras sociedades, nuestra convivencia democrática, de rendir honor a la severa exigencia de los antiguos, que cifraban en la defensa de la ley, antes que en la de sus murallas, la empresa más noble de los pueblos libres. Espero que así sea y estoy convencida de que así va a ser. Confío en el ejercicio por todos nosotros con brío renovado de la tarea común que compartimos como guardianes y defensores de la supremacía normativa de nuestras constituciones respectivas.
Muchísimas gracias Excmo. Sr. Presidente de la Junta de Andalucía por su presencia y por sus palabras. Nuestra más sincera gratitud Excma. Sra. Presidenta del Parlamento de Andalucía por cedernos este magnífico escenario para la celebración de nuestras reuniones.
La tradicional sensibilidad de la Comunidad Autónoma de Andalucía hacia el Tribunal Constitucional, mostrada una vez más con motivo de esta Conferencia Iberoamericana de Justicia Constitucional, merece el sincero agradecimiento del Tribunal Constitucional de España y de todos cuantos participamos en esta Conferencia que, estoy segura, con estas ayudas y contribuciones será un éxito, y marcará una solución de continuidad en su devenir. Así lo deseamos quienes queremos que la Justicia Constitucional constituya también un espacio de cooperación y diálogo entre los países que nos sentimos orgullosos de integrar la Comunidad Iberoamericana.
Muchas Gracias.
Sevilla, 20 de octubre de 2005.
Intervención del Presidente de la Junta de Andalucía
INTERVENCIÓN DEL PRESIDENTE
DE LA JUNTA DE ANDALUCIA
EN LA CONFERENCIA IBEROAMERICANA DE JUSTICIA CONSTITUCIONAL
Sevilla, Octubre de 2005
Excma. Sra. Presidenta del Tribunal Constitucional, Excma. Sra. Presidenta del Parlamento de Andalucía, Presidentes y Jefes de Delegación de los Tribunales y Salas Constitucionales de Iberoamérica, Señoras y Señores
Quisiera, en primer lugar, agradecer a los organizadores de esta Conferencia Iberoamericana de Justicia Constitucional que hayan decidido celebrar este importante evento en nuestra Comunidad. Sean todos ustedes bienvenidos y espero, sinceramente, que se sientan como en su casa. Así, desde luego, los acogemos nosotros.
Estoy convencido de que los trabajos de esta Conferencia serán especialmente fructíferos y redundarán en reforzar los lazos que han unido históricamente a los constitucionalistas iberoamericanos con los de España, puesto que puede afirmarse que la historia constitucional de Iberoamérica nace con la española, es decir, con el Estatuto de Bayona y, muy especialmente, con la Constitución de Cádiz, de 1812, en cuya elaboración participaron de forma tan destacada los diputados de Ultramar.
Para la casi totalidad de lo territorios americanos el documento gaditano, del que próximamente conmemoraremos su Doscientos Aniversario, fue su primera Constitución. En este sentido, la primera influencia que ejerció la Constitución de Cádiz fue, precisamente, la de abrir a los territorios ultramarinos el camino de las experiencias constitucionales, influencia que, más tarde, se desarrolló en la implantación en la mayor parte de las Constituciones iberoamericanas de los dos grandes principios medulares que sustentaron la Carta gaditana, esto es, la soberanía nacional y la división de poderes.
Hoy, transcurridos dos siglos desde ese momento, contamos, por fortuna, con una común experiencia iberoamericana que ha forjado un Derecho Constitucional similar en muchos aspectos.
Por encima de las diferencias específicas en cuanto a las formas de gobierno, compartimos sistemas democráticos basados en categorías generales que son trasladables a todas nuestras Constituciones: la primacía de la Norma Fundamental, el concepto de derechos fundamentales y sus garantías jurisdiccionales, el significado de la Justicia Constitucional, de la que algunos países iberoamericanos ya nos facilitaban ejemplo antes incluso que naciera en Europa, el contenido del Estado Social de Derecho, las dimensiones del principio de legalidad, el sistema de división y equilibrio de poderes y, en fin, la mayoría de las categorías jurídico-constitucionales que hoy son un patrimonio común de todos nosotros.
En España, pronto cumpliremos los 27 años de la Constitución de 1978, una Constitución que garantiza los derechos de los ciudadanos españoles y que ha presidido este período de paz, de convivencia y de progreso.
Afortunadamente, en estos años el avance de la democracia ha sido también la norma en Iberoamérica. Nunca antes en nuestra historia común ha sido tan extensa la presencia de la democracia en nuestros países. Disponemos, por tanto, de una experiencia en alguna medida homogénea sobre la que reflexionar y aprender.
Y la primera enseñanza que la realidad y la teoría nos proporcionan es que no hay más Constitución auténtica que la Constitución democrática, que es la única que en su texto articulado organiza debidamente los Poderes del Estado, condiciona y limita efectivamente su ejercicio y asegura los derechos y libertades de los ciudadanos. Es así la única Constitución capaz de ser, verdaderamente, norma fundamental.
Sin embargo, también la realidad y la teoría nos proporcionan otra enseñanza: que la existencia de una cultura constitucional democrática constituye uno de los más firmes apoyos de la Constitución y una de las mayores garantías de su cumplimiento.
La ejemplaridad y constancia de las fuerzas políticas y de todos los servidores del Estado, los valores cívicos que deben ser consolidados mediante el sistema educativo, la realización de políticas sociales orientadas a promover la igualdad y reducir las desigualdades, el ejercicio responsable y equilibrado de los Poderes y la búsqueda del entendimiento por los agentes económicos y sociales, son, entre otras, condiciones indispensables para que las normas fundamentales arraiguen y tengan una efectiva vigencia.
Pero, junto a todo ello, hay que resaltar el insustituible papel que cumple la Justicia Constitucional, de la que Vdes. son destacados servidores.
Como ha señalado el eminente profesor chileno Humberto Nogueira Alcalá “la supremacía de la Constitución no tendría ninguna aplicación real si no existieran garantías que la efectivicen frente a los conflictos constitucionales que se producen al interior de cada sociedad política. La jurisdicción constitucional contribuye a la resolución pacífica de los conflictos dentro del marco constitucional. La instauración de un sistema de jurisdicción constitucional y su eficacia frente a órganos estatales y a particulares determinan la fuerza normativa de la Constitución, lo que es una de las columnas básicas del estado constitucional contemporáneo” .
Puedo decirles, y me satisface hacerlo en presencia de su Presidenta, que en España todos coincidimos en que el Tribunal Constitucional es una de las piezas fundamentales en el equilibrio de poderes del Estado del que nos hemos dotado los españoles.
Un Tribunal que, además, ha desempeñado una función como tal desde el inicio de su andadura, cumpliendo con el mandato constitucional de proteger la supremacía de la Constitución, de depurar del ordenamiento jurídico las normas contrarias a la Constitución y, de forma muy particular, llevando a cabo su labor de garantía y de defensa de los derechos fundamentales y de las libertades públicas de los ciudadanos.
Nuestro recordado Tomás y Valiente señalaba que la “mayor garantía de que la Constitución no es una mera declaración programática, sino una norma que obliga a todos los poderes públicos, incluso al poder legislativo, es la existencia de un órgano jurisdiccional que sólo habla cuando se le pregunta y cuando le pregunta quién puede hacerlo y cuya respuesta consiste en interpretar la Constitución …. Y en decir si la norma impugnada es o no conforme a ella”
El control de la constitucionalidad mediante la justicia constitucional es una pieza fundamental de la democracia moderna. Sin una justicia constitucional, regulada por la Constitución y las leyes, la Constitución sería papel mojado, sin importancia, porque no existiría un instrumento de su defensa y cumplimiento.
En España, desde el primer momento, en el proceso constituyente, se aceptó, sin discusión de relieve, que nuestro país se dotaría de un Tribunal Constitucional, lo que resultaba explicable dados nuestros antecedentes de la existencia de un Tribunal de Garantías Constitucionales en la Segunda República, que fue uno de los primeros europeos.
En todos estos años de democracia ha podido constatarse el vigor actual de la justicia constitucional. Más aún, el desarrollo de nuestro Estado constitucional en los últimos veinticinco años no hubiera sido posible sin la justicia constitucional y, a su cabeza, sin el Tribunal Constitucional, cuya jurisprudencia ha sido impecable en materia de derechos fundamentales y equilibrada en materia de autonomía territorial, materias ambas que son el núcleo de la Constitución por estar íntimamente enlazadas con las dos manifestaciones de la forma del Estado (Estado democrático y Estado autonómico).
Y así ha sido también en Iberoamérica, donde se han desarrollado un conjunto de modelos de control de constitucionalidad que desbordan el estrecho marco conceptual de los modelos tradicionales, de control difuso o concentrado, generándose sistemas mixtos con distintas dosis de ambos modelos originarios o desarrollando fórmulas originales.
En todo caso, con unos u otros modelos, lo cierto es que puede afirmarse con todo rigor que la Justicia Constitucional ha sido y es un importante factor de impulso y consolidación de la Democracia en Iberoamérica.
Ha sido un Profesor de la Universidad de Sevilla, el Sr. Pardo Falcón, quien, analizando la historia Constitucional iberoamericana del pasado Siglo XX, ha señalado que la Justicia Constitucional Iberoamericana ha ejercido con tenacidad lo que podrían denominarse sus funciones “normales”, esto es hacer valer la supremacía de la Constitución y la protección de los derechos fundamentales. Pero, en determinadas ocasiones, y fruto de la singularidad del contexto político la Justicia Constitucional de algunos países hermanos de Iberoamérica ha debido convertirse en el último baluarte de la defensa e incluso de la supervivencia del Estado Democrático, ya sea ejerciendo al límite sus competencias en el plano jurídico ya sea yendo incluso más allá en una actuación que sólo puede explicarse por el coraje cívico y las convicciones profundamente democráticas de sus miembros.
Permítanme que, muy brevemente, haga mención a una cuestión que me parece de particular interés. Me refiero al hecho de que Conferencias y encuentros como éste, aunque tengan un contenido muy específico y profesional, contribuyen de forma destacada al fortalecimiento de la Comunidad Iberoamericana.
El mundo iberoamericano tiene -por extensión, por población y recursos, por cultura y capital humano- un potencial extraordinario y un papel insustituible en lo que denominamos proceso de globalización cuando éste se encuentra en su fase más avanzada... Como espacio socio-económico, como comunidad cultural y como sujeto político.
En un nuevo escenario mundial en el que se configuran grandes bloques y emergen nuevos y potentes actores, Iberoamérica debe fortalecerse como Comunidad de naciones, hacer oír su voz en el concierto internacional y poner sobre la mesa sus intereses y aspiraciones.
Iberoamérica debe proyectarse al mundo con un afán integrador, de consenso, de afirmación del diálogo multilateral y de la legalidad internacional; un afán de búsqueda de la seguridad y de la estabilidad en la justicia y en los derechos de todos los seres humanos.
Acaba de celebrarse la décimo quinta Cumbre en la que la Comunidad Iberoamericana ha iniciado una nueva andadura, y ha fijado una agenda interna precisa y unas metas a alcanzar en el mundo.
A su término, y en la llamada “Declaración de Salamanca”, todos los Jefes de Estado y de Gobierno han coincidido en que “la democracia constituye un factor de cohesión del espacio iberoamericano. Consideramos, dice la Declaración, que es necesario desarrollar una agenda iberoamericana que refuerce la calidad de nuestras democracias y su capacidad de responder a las expectativas de los ciudadanos en términos de protección de sus derechos y satisfacción de sus necesidades socioeconómicas”
La verdad es que, si pensamos en los grandes problemas del Desarrollo y de la Modernización social, en el impacto de fenómenos globales -comerciales, tecnológicos, culturales-, nos encontramos con que pueden ser entendidos como atascos en los conductos de la Libertad, como bloqueos en las arterias de la Democracia.
Dicho más sencillamente: los problemas de desarrollo son en gran parte problemas de libertad y de Democracia.
De Democracia, en el sentido más amplio e integral de la palabra. Que es a la postre indivisible. Porque el ser humano es uno, y porque las sociedades no son troceables en compartimentos estancos. En otras palabras, no se intercambia Libertad y Democracia por Progreso Económico. Nunca ha sido verdad y ahora menos que en ningún otro momento de la historia.
Estoy convencido de que, en esa agenda para mejorar la calidad de la democracia, los Tribunales y Cortes Constitucionales aquí representados tienen un papel especialmente relevante.
Lo que yo, como Presidente de la Junta de Andalucía, puedo añadir es que pueden tener la seguridad de que nuestra Comunidad Autónoma, que siempre ha tratado de ser un canal de comunicación entre los dos continentes, va a seguir trabajando para potenciar el diálogo, el encuentro y la cooperación entre una y otra orilla del mismo mar. Tengan la seguridad de que nunca dejaremos de ejercer ese papel.
Para terminar, quisiera felicitarles de antemano por el valioso trabajo que van a realizar, que, sin duda, será de gran utilidad y del máximo interés.
Quisiera, asimismo, expresar mi confianza en que su estancia en Andalucía sea una grata experiencia y que ésta les sugiera e invite una nueva visita con más tiempo y rogarles que trasladen a sus respectivos países un mensaje de fraternal afecto y amistad desde esta tierra andaluza.
Muchas gracias
Conclusiones organizativas
CONFERENCIA IBEROAMERICANA DE JUSTICIA CONSTITUCIONAL
CONCLUSIONES ORGANIZATIVAS
Las Delegaciones de los Tribunales, Cortes y Salas participantes en la Conferencia Iberoamericana de Justicia Constitucional, reunidos en la ciudad de Sevilla (España):
1. Expresan su satisfacción por la organización y resultados de la Conferencia, reunida a iniciativa del Tribunal Constitucional de España con ocasión de su XXV Aniversario, que ha supuesto un punto de enlace con las reuniones ya celebradas en Lisboa (1995), Madrid (1998) y Antigua Guatemala (1999).
2. Constatan que, desde la diversidad de sistemas y modelos de control de constitucionalidad y de protección de los derechos y libertades fundamentales, forman parte de una Comunidad de Justicia Constitucional, con la función de garantizar la primacía normativa de nuestras respectivas Constituciones.
3. Comparten la necesidad de dar continuidad y fortalecer la Conferencia Iberoamericana de Justicia Constitucional, instituyéndola a partir de esta reunión como permanente foro de colaboración entre los órganos jurisdiccionales de Latinoamérica, Andorra, Portugal y España, y dotándola, para ello, de una Secretaría que garantice su estabilidad.
4. Instan al Tribunal Constitucional de España la preparación de un proyecto de Estatutos de la Conferencia, con la formulación de las correspondientes propuestas organizativas. Las propuestas se harán llegar a los distintos Tribunales, Cortes y Salas a fin de que puedan ser objeto de deliberación y aprobación en la próxima reunión de la Conferencia.
5. Coinciden, asimismo, en la conveniencia de que el Magistrado del Tribunal Constitucional español D. Pablo Pérez Tremps, a quien se agradece su disponibilidad, asuma, con carácter provisional, los cometidos que correspondan a una futura Secretaría permanente de la Conferencia Iberoamericana de Justicia Constitucional.
6. Agradecen y aceptan la propuesta del Tribunal Constitucional de Chile para que la próxima reunión se celebre en Santiago de Chile, en octubre de 2006. El Tribunal Constitucional de Chile, en coordinación con la propuesta Secretaría de la Conferencia, hará llegar, con la antelación suficiente, a los Tribunales, Cortes y Salas una propuesta sobre el tema a tratar por la Conferencia con el correspondiente cuestionario.
7. Acuerdan que en las próximas reuniones de la Conferencia se contemple en el programa un apartado para la exposición y análisis de la problemática que, en su caso, pudiera darse respecto de la jurisdicción constitucional en los países miembros.
8. Por último, los Tribunales, Cortes y Salas, que se han honrado con la presencia de una representación de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, confieren a la Corte la condición de invitado permanente a la Conferencia.
Esta declaración ha sido objeto de pública lectura y aprobación en la reunión plenaria y constitutiva de la Conferencia Iberoamericana de Justicia Constitucional.
Tribunal Constitucional de Andorra
Corte Suprema de Justicia de la Nación Argentina
Tribunal Constitucional de Bolivia
Supremo Tribunal Federal de Brasil
Corte Suprema de Justicia de Costa Rica
Tribunal Constitucional de Chile
Corte Suprema de Justicia de El Salvador
Tribunal Constitucional de España
Corte de Constitucionalidad de Guatemala
Corte Suprema de Justicia de Honduras
Suprema Corte de Justicia de la Nación de México
Corte Suprema de Justicia de Nicaragua
Corte Suprema de Justicia de Panamá
Corte Suprema de Justicia de Paraguay
Tribunal Constitucional de Perú
Tribunal Constitucional de Portugal
Tribunal Supremo de Puerto Rico
Suprema Corte de Justicia de República Dominicana
Suprema Corte de Justicia de Uruguay
Tribunal Supremo de Venezuela
En Sevilla, a 21 de octubre de 2005.