Acto celebrado en conmemoración del X aniversario de la muerte en atentado terrorista de D. Francisco Tomás y Valiente 
Imagen del Tribunal Constitucional
, 2/14/2006 

Presentación.

El día 14 de febrero se celebró en la sede del Tribunal Constitucional un acto en homenaje a quien fuera su Presidente durante seis años (1986-1992), Francisco Tomás y Valiente, asesinado por la banda terrorista ETA en su despacho de la Universidad Autónoma de Madrid.

El acto contó con la presencia de la viuda, doña Carmen Lanuza y la de sus hijos, Ana, Francisco y Carmen. También asistieron todos los miembros del Tribunal Constitucional, el Presidente del Gobierno, don José Luis Rodríguez Zapatero, el Presidente del Senado, don Javier Rojo, el Ministro de Justicia, don Juan Fernando López Aguilar, el Alcalde de Madrid, don Alberto Ruiz-Gallardón, el Presidente del Consejo de Estado, don Francisco Rubio Llorente, el Defensor del Pueblo, don Enrique Múgica, el Vicepresidente Segundo de la Comunidad de Madrid, don Alfredo Prada, así como el personal del Tribunal Constitucional.


Palabras de la Presidenta
del Tribunal Constitucional

 

 

 

Sr. Presidente del Gobierno

Sr. Presidente del Senado

Sr. Presidente del Tribunal Supremo y del Consejo General del Poder Judicial

Sr. Ministro de Justicia

Sr. Presidente del Consejo de Estado

Sr. Defensor del Pueblo

Sr. Alcalde

Sr. Vicepresidente 2º C.A.M.

Presidentes, Vicepresidentes y Magistrados eméritos del Tribunal Constitucional

Querida Carmen Lanuza, Ana, Cristóbal, Kiko y Pipa:

 

1. En el acto que aquí nos reúne se honra la memoria y rinde justo homenaje al que fuera Presidente de este Tribunal, Francisco Tomás y Valiente. Lo hacemos en la que fue su casa durante 12 años, junto con su familia, sus compañeros y colaboradores. Agradezco en nombre del Tribunal la inestimable colaboración del Excmo. Ayuntamiento de Madrid y de nuestro Alcalde y la presencia deautoridades, antiguos compañeros y amigos.

Hace hoy 10 años, Francisco Tomás y Valiente fue brutalmente asesinado en su despacho de la Facultad de Derecho de la Universidad Autónoma de Madrid. El terrorismo cercenaba así la vida de un demócrata ejemplar, un hombre de bien, un auténtico hombre de Estado, que dedicó 12 años de su fructífera vida profesional al entonces incipiente Tribunal Constitucional.

Quiero recordar las palabras de S.A.R. el Príncipe de Asturias en la inauguración del III Congreso Internacional de Víctimas del Terrorismo ayer en Valencia, “las execrables acciones del terrorismo nunca han podido ni podrán acabar con nuestra confianza en que la democracia, junto a las libertades y derechos que alberga, prevalecerán siempre sobre ellas”. Por este motivo, aunque hoy conmemoremos el décimo aniversario de su vil asesinato, que nunca caerá en el olvido como el de tantas otras víctimas del terrorismo a cuyo recuerdo emocionado y solidario unimos este homenaje público a nuestro Presidente, este acto pretende también hacer memoria de su vida para rendir merecido tributo a su aguda inteligencia y a la generosidad con la que se entregó y luchó en favor de la consolidación de España como Estado de Derecho, democrático y constitucional, y del Tribunal Constitucional como institución imprescindible de este Estado.

Muchos de los que estamos aquí tuvimos la fortuna de conocerle, otros también la de trabajar junto a él, todos la imperecedera de disfrutar de la enseñanza, la amistad y el afecto de un hombre extraordinariamente lúcido, riguroso y, al tiempo, generoso en todas las facetas de su vida.

De entre las facetas de su vida y obra que cruelmente truncó su feroz e injusto asesinato, me limitaré a recordar 3 fundamentales, que se entrelazan tan íntimamente que resultan inseparables confiriendo todas ellas sentido a su personalidad irrepetible, a su dignidad ejemplar, a su talante vital vigoroso y sencillo a la vez, entrecruzándose en todas ellas su sabiduría con su desempeño aplicativo: su labor docente e investigadora en la Universidad, su labor divulgadora de los valores democráticos y combatiente del terrorismo y especialmente sus años en esta casa en que ejerció como Magistrado y Presidente la tarea de defender y aplicar la Constitución, mediante su interpretación y aplicación haciendo de ella la realidad viva que ha de ser toda norma pacificadora de la convivencia organizada en un Estado. Sorprende la capacidad y la fuerza de TOMÁS Y VALIENTE para afrontar cada una de ellas con el coraje y la orgullosa defensa de su compromiso con los valores democráticos que siempre le caracterizó; destaca la sinceridad y el arrojo de sus juicios (de los que, sin embargo, siempre se podía discrepar), así como el hallazgo de la palabra justa, del concepto apropiado, para, siempre a través de la razón, resolver los conflictos humanos. Su precisión conceptual, su destreza técnica, su construcción firme, clara y luminosa, su expresión resuelta, aportaban efectividad a su obra, a la tarea realizada, en la imagen triple de TOMÁS Y VALIENTE que muy brevemente pretendo evocar y que es, y seguirá siendo, pese a su muerte, un ejemplo vivo.

A la Universidad se dedicó desde 1958 y en ella le esperaron sus asesinos, sin que su muerte pudiera borrar la profunda huella que su presencia y magisterio dejaron en las de Valencia, Complutense de Madrid, La Laguna (en que ganó la cátedra en 1964), Salamanca, donde ejerció docencia e investigación durante 16 años, y Autónoma de Madrid, Universidad esta última que abandonó temporalmente al ser nombrado Magistrado del Tribunal Constitucional en su primera composición y a la que volvería en 1992. En 1996 fue nombrado consejero permanente de Estado.

En la Universidad descubrió pronto la que sería su pasión y a la que dedicaría su vida de jurista académico, la Historia del Derecho. Discípulo del maestro García-Gallo y de su orientación institucional, no consideró la Historia del Derecho como historia de los conceptos o dogmas jurídicos, sino como ciencia que toma como eje el estudio de ciertos problemas o realidades básicas y fundamentales de la vida social, que han sido resueltos jurídicamente a lo largo del tiempo por medio de instituciones jurídicas. Buscó la verdad de la Historia, su objetividad, y de su conocimiento profundo partió para proyectarlo en cuantas actividades desempeñó. De entre los numerosos reconocimientos que obtuvo por su ingente actividad investigadora cabe destacar que fuera académico de número de la Real Academia de la Historia.

Precisamente en la historia del Constitucionalismo basado en los derechos y libertades fundamentales estaba volcado cuando fue asesinado por los enemigos de la Libertad.

2. Pero hoy y aquí queremos rendir un justo reconocimiento público al Magistrado primero y Presidente después del Tribunal Constitucional y a su labor de defensa de la Constitución y de su primacía incondicionada con dedicación y entrega ejemplares.

Sabido es que a las instituciones jóvenes, como es el caso del Tribunal Constitucional, creado por la Constitución y virtualmente inédito en la historia de nuestro constitucionalismo, les marca el carácter de sus primeros integrantes y esta impregnación es especialmente cierta y nítida en el caso de nuestro Presidente Francisco Tomás y Valiente.

Nuestro Tribunal tuvo, desde su primera composición, que alcanzar la madurez con paso seguro a la vez que raudo y esta consolidación institucional no habría sido posible sin el desempeño ejemplar de sus altas responsabilidades por sus primeros integrantes y en especial por los primeros Presidentes, que forjaron su identidad y dejaron fijadas las líneas maestras de la jurisdicción constitucional. Aprobada la Constitución, era absolutamente esencial que el Tribunal Constitucional desarrollara su función jurisdiccional, velando por su eficacia, y que los derechos y libertades en ella reconocidos se trasladaran al resto del ordenamiento jurídico. También correspondió al Tribunal Constitucional la racionalización de la estructura y del funcionamiento del Estado, una labor en la que la sensibilidad, el buen criterio y la prudencia de Francisco Tomás y Valiente fueron un factor decisivo en aquellos años inaugurales de la jurisdicción constitucional.

Al igual que García Pelayo, Tomás y Valiente desempeñó excepcionalmente durante dos períodos de tres años la Presidencia, siendo elegido para el segundo mandato por unanimidad, sumando un total de 12 años en el Tribunal Constitucional. Doce años en los que, en sus propias palabras, contribuyó decisivamente a “instituir la institución” haciendo de ella el Tribunal que hoy tenemos de cuya obra podemos enorgullecernos legítimamente todos los españoles. Por ello el Tribunal Constitucional en su actual composición, sus presidentes, vicepresidentes y Magistrados eméritos, Secretarios de Justicia, Letrados y demás personal de esta casa le rendimos públicamente tributo de respeto, de reconocimiento y agradecimiento.

Amó y vivió siempre la razón. Señalaba el Presidente TOMÁS Y VALIENTE que “La razón jurídica es la proyección de la razón práctica. Nunca actúa en vacío. Procede de un universo de valores, principios y conceptos plasmados en el derecho positivo y procura resolver problemas planteados por la interpretación de las normas … o por el dudoso encaje de situaciones singulares dadas en la realidad social, bajo el cobijo del sistema normativo. El juez constitucional ha de resolver problemas que en último término consisten en el conflicto entre diversos modos de entender y aplicar la Constitución. (...) El difícil equilibrio entre convicciones propias y razonamiento jurídico es el quid de una jurisdicción constitucional concebida como racionalización de conflictos por medio de la interpretación jurídica de la Constitución”.

Sería un esfuerzo vano medir la huella de Tomás y Valiente en sus 12 años en el Tribunal Constitucional por el número de Sentencias en que fue ponente —161— completado por el de sus votos particulares —18—, pues su influencia, el calado de su huella, fue mucho mayor. Su liderazgo y suautoridad se hicieron patentes durante esos doce años en las deliberaciones de este órgano colegiado y su papel, primero como Magistrado y luego como Presidente ha marcado de manera indeleble el propio espíritu de esta casa.

3. Igualmente ejemplar en su vida fue su defensa firme y permanente del Estado de Derecho, especialmente frente al terror, tras culminar su Presidencia del Tribunal Constitucional, a partir de 1992, a través de conferencias, estudios, reflexiones y numerosos artículos de prensa. Desde ese observatorio, desgranó distintos aspectos de la vida política de España, destacando siempre su compromiso en favor de la Democracia y al servicio de la Constitución y de sus valores de libertad, justicia, igualdad y pluralismo político a través del ejercicio de la razón y la palabra. En esos años y con esos artículos, que posteriormente fueron reunidos en su obra “A orillas del Estado”, Francisco Tomás y Valiente contribuyó de manera notable a acercar los valores democráticos y a explicar el funcionamiento del orden constitucional a amplias capas de la sociedad española. Su pluma ágil, su verbo claro, con un planteamiento ilustrado y una postura tolerante y generosa, razonada siempre, convirtieron sus artículos en una auténtica referencia para la Democracia. Esta obra, concluida ya su tarea en este órgano constitucional, le consagró definitivamente como un símbolo de la España democrática y como una autoridad moral en el funcionamiento de nuestro sistema político y en la organización de nuestra convivencia.

En el último de sus artículos de prensa, a raíz del atentado que costara la vida a Fernando Múgica, señalaba que “en la lucha contra el terrorismo, contra ETA, no se puede perder la convicción de la propia legitimidad, la buena razón de Estado. (...) En ello nos va la vida, la del Estado que necesitamos y la individual, porque cada vez que matan a un hombre en la calle nos matan un poco a cada uno de nosotros”.

Los terroristas difícilmente podían haber elegido un objetivo más señalado y la respuesta contundente e impresionante de la ciudadanía tras su asesinato sólo confirmó lo que ya era de común conocimiento, que Francisco Tomás y Valiente es uno de los destacados símbolos de nuestra Democracia.

La consolidación del Tribunal Constitucional y su prestigio, pero también la consolidación de nuestro Estado constitucional y democrático y su defensa frente al terrorismo y la sin razónle son deudores. Expresamos a su familia, a Carmen, a sus hijos, a sus familiares, amigos y colaboradores más cercanos, que siempre estará vivo en esta su casa.

Quiero agradecer especialmente al Ayuntamiento de Madrid y a nuestro Alcalde, Alberto Ruiz-Gallardón, el decidido apoyo que desde un principio ofreció a la iniciativa de este acto en homenaje a Francisco Tomás y Valiente. Esta colaboración se ha traducido en el diseño de una estela conmemorativa, a cargo del Arquitecto Guillermo Costa, al que felicitamos por su obra.

Tendremos a partir de hoy el recuerdo de nuestro Presidente también en este monumento, junto a la bandera a la que tan notablemente sirvió y a la sombra del olivo que él mismo plantó, por ser símbolo del Mediterráneo y de la sabiduría.

Palabras del Alcalde
de Madrid

 

 

Presidente del Gobierno; Presidente del Congreso de los Diputados; Presidente del Senado; Presidenta del Tribunal Constitucional; Presidente del Consejo General del Poder Judicial; Ministro de Justicia; Defensor del Pueblo; Magistrados; miembros del Gobierno de la ciudad de Madrid y miembros de la Corporación municipal; autoridades; señoras y señores:

El Ayuntamiento de Madrid, en respuesta a una acertada invitación del Tribunal Constitucional, ha querido recordar a Francisco Tomás y Valiente con un monumento que no pretende conmemorar su muerte hace ahora diez años, sino, antes al contrario, la presencia viva de su magisterio en tantas facetas de nuestra convivencia. Por eso, no hablaré de las circunstancias de su asesinato, y prefiero atender a lo que no debemos perder de vista: las enseñanzas jurídicas, históricas y políticas con las que Tomás y Valiente contribuyó a edificar nuestro Estado de Derecho.

Hay en la vida de Tomás y Valiente otro 14 de febrero crucial, que no es el de su muerte en 1996, sino el de su nacimiento a la vida del Estado 16 años antes, al ser elegido ese día magistrado del Alto Tribunal. Desde esa responsabilidad, y más aún durante sus mandatos como Presidente de la institución, protagonizó una etapa inaugural de nuestra democracia en la que sucesivas interpretaciones de la Carta Magna sacaron a ésta de los anaqueles jurídicos para llevarla a la convivencia cotidiana de los ciudadanos. Así, contribuyó a dar vida a nuestra norma fundamental aclarando múltiples aspectos y considerando distintos puntos de vista, pero desde la certeza siempre de que la Constitución reúne todos los elementos necesarios para colmar las aspiraciones de los españoles, ya que estos han depositado en ella lo más razonable de sus pretensiones.

La vigencia de su figura consiste en haber sido un hombre de Estado prudente y atinado. Y es que, en el inmenso caudal de mesura y buena voluntad que brota de la Constitución, veía Francisco Tomás y Valiente todo cuanto se necesita para avanzar en el perfeccionamiento de nuestra democracia, y era consciente de que la nuestra dispone ya de los medios y la legitimidad suficientes para satisfacer los derechos fundamentales de los ciudadanos. Fue un ávido explorador de la geografía jurídica, que, por serlo, descubrió que dentro de los límites constitucionales se extienden campos de libertad más vastos y fértiles que en el terreno baldío que pueda quedar fuera de ellos. Seguramente por eso, porque dedicó muchas horas a cultivar las tierras del consenso constitucional, aguardando pacientemente sus frutos, se mostró convencido de que dentro de la Constitución podemos dirimir de modo equitativo y ordenado todas las diferencias, desde el respeto escrupuloso, eso sí, a la moderna noción de ciudadanía.

Se ha dicho que su constitucionalismo es producto directo de su identificación con la opción constituyente forjada durante la Transición. No sería raro, porque él mismo vivió intensamente ese período, al tiempo que rehuyó toda notoriedad. Tanto es así, que en alguna ocasión lamentó el “excesivo protagonismo” del Tribunal Constitucional en la vida pública. Claro que, en esa queja, además de modestia, trasluce una convicción: que los principios básicos del Estado no deben estar sometidos constantemente a debate, sino sustentar con naturalidad el normal desarrollo de la vida nacional. La suya, en todo caso, es una figura de primer orden, y, puestos a recuperar nuestra memoria histórica, haremos bien en empezar por el tiempo y los valores asociados a esta parte de nuestro pasado.

Su asesinato marcó un hito en la movilización social contra el terrorismo. Esa respuesta, cuya vitalidad permanece intacta, es un síntoma de la salud cívica de nuestro país, y debe ser referencia para aquellos que desde las instituciones del Estado tenemos la responsabilidad de ejercer ese principio de resistencia constitucional que Tomás y Valiente creía que debemos oponer a los terroristas. Por eso, con la tranquila firmeza que nos proporciona la legitimidad del Estado, y sin necesidad de alzar la voz más de lo que la razón precisa, debemos enviar a los asesinos y a sus auxiliares el único mensaje que estos pueden recibir de nosotros, en todo tiempo y situación, porque siempre será justo, útil y oportuno. Es el mensaje que, uniendo a los demócratas de una u otra ideología, nos distingue de ellos, y que Quico Tomás y Valiente resumió en las palabras que, sin rencor pero con nítida conciencia de su necesidad, les dirigió desde la Puerta del Sol: “Somos más, somos mejores y somos más fuertes”. No por vanidad, no por intransigencia, no por afán de buscar el enfrentamiento, sino, sencillamente, porque ésas son las señas de identidad en torno a las cuales podremos encontrarnos aquellos que amamos la vida, incluso a la hora de atraer a nuestro campo a los que un día optaron por la muerte.

Ése es, en fin, el mejor homenaje que podemos rendir a Don Francisco Tomás y Valiente, hombre bueno, tranquilo y moderado, y yo estoy seguro de que todos vamos a estar a su altura.

 

Muchas gracias.

Palabras de Francisco Tomás
y Valiente Lanuza

 

 

Buenos días, agradezco a todas las autoridades —y en general a todos ustedes— su presencia aquí. Agradezco especialmente a la Presidenta doña María Emilia Casas la convocatoria y organización del acto. Todos ustedes conocen su altura intelectual y humana. Además, ella fue y es una gran amiga de mi padre y de mi familia.

Tengo que confesarles que no puedo, ni probablemente deba, hablar de mi padre como de una autoridad pública. Yo lo recuerdo, sencillamente, como un buen padre y un gran ejemplo. Recuerdo también que de niño solía preguntarme si habría leído realmente los miles de libros que ocupaban las estanterías de casa. Más tarde comprobé que podías preguntarle de cualquier tema y casi siempre había una respuesta, explicada con método y voz grave y un poco teatral. Cualquiera que lo haya tratado posiblemente pueda recordar ahora el sonido de aquella voz en la que un cierto deje irónico se fue acentuando con los años.

Se le recuerda por su ejemplo de tolerancia y es acertado. Él entendía la tolerancia como un compromiso activo con los valores que la hacen posible. Mi padre, por vocación, porque eso era lo que le gustaba, fue una persona comprometida con la enseñanza de la historia de la tolerancia, también alguien empeñado en la difusión de valores presentes en nuestra Constitución, alguien que prefirió el servicio al Estado, a la buena razón de estado, antes que las actividades privadas, probablemente más lucrativas y desde luego menos arriesgadas.

Posiblemente no me equivoque si digo que la dedicación docente sólo puede basarse en una profunda confianza en la capacidad del ser humano para pensar por sí mismo. Quizá estén de acuerdo conmigo en que sin confiar en el ser humano uno no puede ser un buen profesor. De hecho, de mi padre yo aprendí que sin confiar en la inteligencia de los ciudadanos uno no puede ser un demócrata. Por eso creo que podemos decir que quienes tratan a los ciudadanos sin respeto a su inteligencia, quienes mienten sin pudor, no son demócratas.

También creo que se puede decir de él que fue un hombre de principios muy firmes.

Nació en una familia derrotada por la Guerra Civil y guardó siempre en su mesilla de noche la carta de despedida de un hermano de su padre fusilado por Franco.

En la nota autobiográfica que antecede a la publicación de sus obras completas realizada por el Centro de Estudios Constitucionales relata lo siguiente:

“Aún recuerdo a mi padre subiendo los cuatro pisos de la escalera sin ascensor de mi casa, cargadas sus espaldas con la noticia del fusilamiento...”.

Una poderosa moral del trabajo, heredada de aquella familia humilde, y ecos de la Institución Libre de Enseñanza, escuchados en la Academia Martí de Valencia, donde enseñaban universitarios represaliados por “el general superlativo”, como él le llamaba,impulsaron su talento intelectual, talento que dedicó a la Historia, sobre todo en Salamanca, y al Derecho, más en su etapa madrileña, en este Tribunal Constitucional desde el que quiso colaborar en el asentamiento del Estado democrático en España.

Considero que fue un magistrado ecuánime e independiente, no obstante sus convicciones y preferencias por las ideas de un socialismo democrático que él veía entroncado en la muy española tradición liberal. Su independencia intelectual fue también la del magistrado constitucional, y de eso, me consta, se sentía orgulloso. Fueron muchos los logros; ellos y su disposición optimista, le permitieron ser feliz.

Defendió siempre la igualdad de todos ante la ley cualquiera que fuera la circunstancia histórica o política. En el terreno moral, era exigente: por ejemplo, nunca hubiera aceptado en silencio cualquier pacto, sindical, político o institucional, con quien no ha sido capaz de condenar la violencia. También se opuso en el momento de la verdad a la guerra sucia contra ETA como intelectual y como magistrado. Escribió contra el terrorismo y denunció la utilización oportunista de los sumarios judiciales para la pelea política. Su sentido del Estado le llevó también a renegar de quienes hacen del terrorismo argumento de oposición al Gobierno.

Recordando crímenes como el que acabó con su vida es fácil saber a quiénes debería producir vergüenza pronunciar la palabra paz, a quiénes debemos, por dignidad, negar la mano y el respeto, aunque no los derechos que todo ser humano merece.

Por otra parte, estoy seguro de que si hubiera sobrevivido al atentado seguiría defendiendo una idea racional de la convivencia. La suya era una concepción integradora de la Ley, una idea que, en el terreno penal, incluía también a los culpables.

En otras palabras, en su idea de la justicia había lugar para que las personas tuvieran una segunda oportunidad y las sociedades pudieran aspirar a la paz, aunque este juego no debía llegar tan lejos como para traicionar la coherencia del sistema.

Uno de sus amigos de Valencia, Manuel Broseta, fue asesinado por ETA en 1992 de un tiro en la nuca. A sus hijos, en el funeral, les dijo: “no odiéis y que el recuerdo de vuestro padre os haga sonreir”. También escribió un artículo en homenaje a Broseta.

“Si no lo recordáramos”, terminaba aquel texto, “estaría él más muerto. Y nosotros, no habríamos sido sus amigos”. Hoy recordamos a mi padre, a Broseta y a tantas víctimas de la violencia porque fuimos sus amigos, su familia o sus conciudadanos.

Muchas gracias por haber venido.

Palabras del Presidente
del Gobierno

 

 

Carmen, hijos de Carmen y de Francisco, Presidenta del Tribunal Constitucional, Presidentes, Magistrados del Alto Tribunal, Presidente del Senado, Ministro, Presidente del Consejo de Estado, Defensor,

Hace hoy diez años arrebataron la vida a Francisco Tomás y Valiente, un hombre decente, un humanista. Le arrebataron la vida de manera tan vil como sin sentido, fruto de la locura, del fanatismo y de la indecencia que suponen la violencia y el terror. Hoy le recordamos y hoy hacemos que esté presente para siempre en este Alto Tribunal. Con ello recordamos a todas las víctimas de la barbarie.

Hoy proclamamos, una vez más, como afirmó Stefan Zweig, que matar nunca es defender una idea, es sencillamente matar. Hoy es un buen día para recordar la filosofía de la convivencia que inspiraba Francisco Tomás y Valiente; un hombre decente que afirmó que era mejor la tolerancia imperfecta que la intolerancia perfecta; un hombre de leyes y de historia; un hombre de razón y de memoria, como la memoria que debemos a cada una de las víctimas, de sus familias, del dolor y del horror que la sociedad española ha padecido; como la confianza que tenemos y que hemos tenido, que cada día es más fuerte, en nuestra democracia y en nuestro sistema de convivencia.

Aquí, a la sombra del Tribunal Constitucional, que guarda aquello que nos hace libres y ciudadanos; aquí, a la sombra del Tribunal Constitucional, quiero afirmar, recordando a Willy Brandt, que en democracia no hay callejones sin salida. Ésa es la grandeza de nuestro sistema de convivencia y aquí quiero recordar que el dolor del pasado, el horror del recuerdo, es, ante todo, el poderoso estímulo del futuro, de un futuro al que, desde luego, está obligado y comprometido el Gobierno con los mejores valores presentes en la ciudadanía de este país.

El terror ha segado muchas vidas, pero no podemos segar la esperanza. La esperanza es el fin del terror y de la violencia, la esperanza es la convivencia libre y plena de todos y cada uno de los ciudadanos de este país.

Con el recuerdo, el homenaje y la admiración en este acto austero, como seguramente le hubiera gustado a Paco Tomás y Valiente, en el aprendizaje de muchas de suslecciones, de manera singular aquellas que tienen que ver con los valores de la convivencia, del entendimiento y del respeto, creo poder hablar en nombre de toda la sociedad española para decirte, Carmen, y a vosotros, que la memoria, el testimonio y el estímulo de personas como Francisco Tomás y Valiente inspiran los mejores ideales de la convivencia y del futuro; un futuro que la sociedad española se ha ganado a pulso con su capacidad de resistencia y de contención, valor esencial en la democracia; un futuro que nos convoca y nos compromete; un futuro que tiene una tarea y esa tarea es la paz.

 

Muchas gracias.